Llueve y no importa nada

Último pestañeo del día
y al final,
el cierre.
Bajar los párpados hacia el mundo interior.
Una gota se filtra
desde el techo,
el diluvio de afuera me desconcentra
pero no dista del de adentro.
Ese goteo es lo que molesta
como el pensamiento recurrente
que no me deja descansar.
Qué suerte que llueve y no importa nada!
Qué bueno que no se nos exige estar listos en estos días donde todo vale, o todo vale nada.
Me despierto y recuerdo el sonido de la gota en el cuarto,
en toda la habitación que es igual a mi cabeza, pero en la mañana no la escucho.
Veo un sol generoso y algo que me da culpa,
una parte en mí anhela el viento helado.

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