Crónica absurda

Un bar muy concurrido puede convertirse
de repente
en un escenario absurdo

Resulta absurda para mí en realidad, la disposición de gente y de luces, el expendio de bebidas desenfrenado girando por las barras, derramando todos los liquidos, dulces algunos, lupulosos otros.

Las personas reunidas en torno a no sé qué, la primera mujer distraída que pasara -que no iba a ser yo- para rozarle un brazo o el pelo y preguntarle qué hacía sola una chica como ella.

Eso es el absurdo, separarte del decorado del bar, estar paradx viendo el panorama deprimente de necesitar tener una bebida en la mano para ser más piola o menos triste.

La escenificación de una farsa colectiva de personas que actúan alegres para ningún público más que para mentira de ellos mismos.

Me gustan los bares, para disfrutar con amigos, no para caminar en círculos hasta ser presa de un macho deshinibido por las sustancias.

Entonces llega un momento que sos invisible en ese bar porque tu postura y tus gestos no corresponden con el de la marea de gente que se mueve igual, predispuesta para el vaivén de sus cuerpos con los de otros desconocidos.

Entonces te vas del bar y nadie se dio cuenta que fuiste, si entraste o saliste, si llegaste a tu casa de vuelta.

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