Despedirnos

Es dulce la edad donde una

puede mirarse

años atrás y recordarse adulta.

Cinco años después

tu silueta a una cuadra de distancia lucía igual

como si hubieras quedado esperándome en esa misma loma,

todos aquellos años en los que crecí.

Cuando por fin nos vimos,

los dos alargamos los brazos como si quisiéramos llamar la atención

hacia arriba.

Ambos estábamos sonriendo.

Tras cruzar la calle nos abrazamos cercanos.

Hablamos de todo, de cualquier cosa de la vida, de lo que nos pasó, de lo que aprendimos.

Había mucho para compartir.

Hacía mucho que una persona no me sonreía tanto.

Me dijiste que estaba cambiada, que estaba muy cambiada en realidad.

Siempre pienso, ¿cuántas veces podemos experimentar el amor

y pensar en el momento,

está pasando, este gesto quiere decir te quiero?

Hay que perderse por años, para encontrarse de casualidad y reconocerse en la sombra del otro?

Reconocer la curvatura de la espalda, las piernas afirmadas en la loma,

los brazos extendidos, el abrazo

la mejilla cercana?

¿Cuántas veces podemos despedirnos

del amor,

es decir de un sentimiento hacia otro que no muere cuando no está?

¿Es eso de verdad despedirse?

O es en realidad coincidir,

y saber que compartimos, ese gesto con alguien.

Solo una sonrisa que nos hace sentir especiales.

Una tarde de sol, la orilla del mar subiendo,

una calle inclinada.

 

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